Vino un metánastes.
Un hombre de ninguna parte.
Un hombre solo,
sin cargas,
de apariencia libre,
y se detuvo un tiempo,
tal vez, buscando
el gusta de una vida
de raíz honda,
o,simplemente,
descansar un poco
y una cama tibia.
Vino un hombre
a mi vida,
como un viento
de lugares lejanos,
agitando
hasta la última hoja
de mi árbol.
Llegó a mi casa un hombre
de apariencia libre,
como ayer a otra casa
de otra mujer,
como mañana
y otros días,
a casas diferentes
de mujeres que esperan.
Vino un hombre
y movió mis raíces,
y por un pedacito de tiempo
pareció que,
tal vez,
se quedara.
Por un poco
de tiempo.
Por un poco
de alma
deseante
de la misma cama
noche tras noche,
de la misma mesa
donde comer
día tras día,
tras el mismo trabajo
de nueve a cinco.
Un hombre de apariencia libre
que no puede parar
aunque le gustaría
a veces,
y una mujer árbol
hambrienta de caminos,
una parada
en el destino del metánastes,
del extranjero
que llegó como el viento
de lugares lejanos,
que dejaría de ser
el hombre de apariencia libre,
el hombre solo,
si se quedara,
si pudiera
quedarse para siempre,
como
secretamente
anhela.
(Bosque
11-5-2015)
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