El enebro, entre el Destino y la Magia
Adela Ferrer astróloga
EL ENEBRO Junipeus communis: En la mayoría los textos de botánica astrológica se atribuye este arbusto al Sol, pero en Grecia estaba dedicado a las Euménides, tres espíritus femeninos guardianes del orden natural y del destino; compasivas con quien acepta su misión en el mundo pero crueles con aquél que consciente o inconscientemente transgrede la ley natural de su propio ser, persiguéndolo disfrazadas con sus horribles máscaras: la depresión, el miedo y la enfermedad.
Símbolo de fertilidad en Roma, el enebro aparece en numerosas leyendas y cuentos europeos tradicionales: como el de los hermanos Grimm titulado “El enebro”, también es protagonista en el cuento de Blancanieves y en ambos relatos tiene una indudable relación con el Sino, con “algo distinto” a la herencia que juega su papel en el curso de la vida dispensando regalos o maldiciones al nacido.
Considerado sagrado desde tiempos bíblicos, se le atribuyen cualidades mágicas, aparece en historias de santos, sus bayas se usaban para purificar el aire en tiempos de peste y como desinfectante para las heridas, para este fin las trituraban y las quemaban. Son diuréticas, alivian la gota, las dolencias renales, se recomiendan en el tratamiento del asma, afecciones bronquiales, reumatismo, inapetencia e incluso contra el mal aliento y enfermedades de la piel.
Los granos de enebro quemados con incienso, alejan las malas vibraciones.
En muchos amuletos y talismanes se usa para potenciar la buena suerte, ya que preserva de la negatividad y los peligros. Suele colocarse en las puertas para proteger las casas de ladrones y de fuerzas ocultas. También se usa para preparar filtros de amor y brebajes para potenciar la virilidad.
El enebro es un arbusto muy útil, su madera es excelente para las más refinadas obras de ebanistería, sus hojas se usan para hacer tisanas medicinales, el arbusto es uno de los más bellos ornamentos en jardines y sus bayas se utilizan para ser destiladas y convertirse en ginebra.
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